En un mundo dominado por distracciones de todo tipo, concentrarse en una misma tarea, ya sea en el trabajo o en casa, puede resultar un reto. De entre los tipos de contaminación que existen, como la ambiental o aquella dominada por el exceso de ruido, de estímulos visuales e, incluso, por de las personas, la llamada contaminación tecnológica es una de las más dañinas y durante un tiempo prolongado. Y es que el avance de la tecnología hace del móvil un enorme procesador de datos en forma de publicidad, información, vídeos, fotos, noticias, aplicaciones y memes, un universo infinito de posibilidades para captar la atención y que, sin que la persona se dé cuenta, se caiga en lo que se denomina popcorn brain (cerebro de palomitas de maíz), un concepto recogido en abril de 2024 en el como “condición psicológica en la que alguien no puede mantener su mente y atención fijas en nada, causada por pasar demasiado tiempo en las redes sociales”.
Cuando el cerebro tiende a saltar de un estímulo a otro se genera aún más dificultad de atención. “Nos pasamos horas viendo y escuchando una infinidad de contenido del que no se recuerda ni una cuarta parte, y mucho menos se ha podido profundizar en alguno”, explica la psicóloga y psicoanalista Marcela Luchetta. Aunque parezca contradictorio, esta experta sostiene que la tecnología está diseñada para mantener cautiva la atención: “Los dispositivos están hechos para hacer que alguien se concentre en su uso, que le dedique una enorme cantidad de tiempo por contenido, pero sin lograr profundidad, nitidez, claridad y entendimiento”. Además, para Luchetta, este tipo de cerebro popcorn es la expresión total del mundo en el que vivimos. “ Parece que todo hay que cambiarlo rápidamente por otra cosa: pareja, trabajo, ropa, coche, profesión... Todo dura instantes como un vídeo en las redes”, analiza.
Según cuenta la psicóloga experta en ciberseguridad Ariadna Vilalta en su libro Una vida siempre en línea (Planeta, 2026), afecta a nuestra mente y los algoritmos influyen en lo que pensamos, recordamos y a lo que prestamos atención. Además, priorizan lo que genera más interacción (likes, tiempos de pantalla o clics) para que estemos en un estado de alerta continua, lo que provoca dificultad para concentrarse en tareas largas. El libro explora precisamente la tensión entre identidad digital y vida real en la era de las redes sociales.
“Saltar de una cosa a otra refleja muy bien la sociedad en la que vivimos. La atención se ha convertido en un recurso escaso y muy disputado, y no solo vivimos rodeados de estímulos digitales constantes, sino que además impera , donde se atiende el trabajo, el hogar, los cuidados, el ocio... Todo a la vez", aporta el sociólogo e investigador Sergio González. “Esto se traduce en una sensación de fragmentación constante, donde se salta de una cosa a otra no solo por la tecnología, sino porque la vida cotidiana ya está organizada así. Y más que un problema individual, lo que se ve es el resultado de un modelo social que dificulta sostener la atención en una sola cuestión durante mucho tiempo”, explica.
Tal y como expresa González, existe una mayor dispersión en la atención y tendencia a consumir información de manera rápida y fragmentada: “No solo en negativo, porque también se desarrollan nuevas formas de procesar la información y de relacionarnos más inmediatas, más conectadas y dinámicas. No estamos simplemente perdiendo capacidades, sino que estamos adaptándonos a un entorno que funciona con otras lógicas”. El problema aparece cuando esa lógica de lo rápido invade todos los ámbitos, incluso aquellos que requieren tiempo, como el aprendizaje profundo o las relaciones más significativas, dificultando en muchas ocasiones .
El estudio , publicado en Frontiers in Psychology en diciembre de 2025, analiza cómo las distracciones digitales afectan a la atención durante cualquier lectura y sus efectos negativos en la comprensión. Este análisis refuerza la idea de que el entorno digital genera lo que se denomina la “interferencia atencional”, es decir, desviar la atención de la tarea principal, y concluye que, a cuantas más interrupciones digitales, peor atención y comprensión.
Todo ello apunta a que el silencio o la verdadera desconexión son necesarios para encontrar claridad. El pasado marzo, el experto en meditación Enrique Simó ahondó en una conferencia en Madrid en la idea de . “El mundo requiere silencio, una mente que no juzgue, que no critique”, comentó. Para este experto, existen, además, otros tipos de ruido: el de las expectativas, el de los deseos, el de las preocupaciones y el de las suposiciones. “La verdadera ausencia de ruido está en la mente”, sostuvo.
Hoy cuesta imaginar cómo era la vida antes de que nuestros mundos, el personal y el profesional, estuvieran tan dominados y conectados a través del móvil, una fragmentación constante del tiempo y de la concentración que se ha convertido en la “nueva normalidad” a la que el cerebro se ha adaptado. Para González, el cerebro popcorn se puede entender como una consecuencia de cómo está estructurada la vida social hoy. “Hay toda una industria diseñada para captar constantemente nuestro tiempo y nuestra atención. Nos hemos acostumbrado a obtener todo rápido, sin esperas, lo que reduce nuestra tolerancia a procesos más largos (y reflexivos). Y, sobre todo, cómo organizamos nuestra vida cotidiana: , multitarea constante y sensación de no llegar a todo”, argumenta.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
